El álbum de Vassy Courtes que sigue hablando
Este artículo lo escribí un poco motivado por las recientes reuniones que hemos tenido en VC Records (que está dada de baja debido a la pandemia por COVID desde 2021) para plantear la rehabilitación de funciones. Nuestros artistas estrella son Oly Betancourt y nuestro compañero columnista en este blog, Tonih Hendricks (Messy Blues), quienes formaron el grupo de Rock llamado Vassy Courtes en 2012. Al mismo tiempo de reunirnos quienes manejábamos la etiqueta disquera, el actual mánager de Vassy Courtes, Iván Arellano, habló de los planes de Betancourt y Hendricks para retomar una gira que se quedó congelada justo cuando comenzó la contingencia por COVID. En ese contexto, recientemente se relanzó el Rooted Time, y me puse a escuchar la nueva versión (una remasterización que no varía mucho de la original) y pensé en escribir un poco sobre este disco y lo que realmente expresa.
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| La portada de Rooted Time (2017): Una carta de amor a la Ciudad de México y a la era dorada del rock analógico |
Rooted Time
El álbum de diez canciones creado por Oly Betancourt y Tonih Hendricks fue una buena propuesta musical independiente en 2017 que había comenzado casi diez años atrás —2009—, con propuestas bajo la manga. No había un contexto terminado, pero ya existía el plan. Luego tuvieron una pausa entre 2010 y 2012 en la que Oly Betancourt y Tonih Hendricks (o Messy Blues) fueron parte de un grupo de Rock Clásico llamado "Tono 5" en la Ciudad de México en el que, de acuerdo al propio Hendricks, no hicieron la gran cosa. Sin embargo fue en donde conocieron a uno de sus mejores colaboradores: el bajista Héctor Melgarejo. Al dejar esa agrupación decidieron dar marcha al proyecto pendiente.
Rooted Time es, en términos generales, algo más que música con sabor vintage o que una simple moda retro, del tipo que satisfacen caprichos momentáneos de sesiones de Smartphone buscando novedades.
Tonih Hendricks, el genio musical y artífice de ello en Vassy Courtes, no es exactamente alguien a quien le guste complacer a nadie. Severo crítico del mainstream actual y contestatario político, fue quien le dio a Rooted Time la identidad misteriosa que el disco tiene.
En una opinión personal, Rooted Time no es apto para idiotas. Es del tipo de grabaciones que traen las cosas hacia algo parecido a un génesis creativo. El álbum destaca por una estética sonora y visual que rinde homenaje a las décadas doradas de la música hecha a mano y sin trucos bajados de internet —como cuando este no existía— e integra elementos de soul, jazz, bluegrass, rock progresivo y country. Entre otros.
El álbum utiliza una instrumentación orgánica que evoca la calidez de las grabaciones analógicas de los años 50 y 60 y se percibe una fuerte influencia de sellos icónicos como Motown, Stax o Sun Records, donde la voz de Messy Blues toma el centro con un fraseo bastante particular que en su momento causó cierta confusión entre las estaciones de radio en Milán, Paris, Londres, Moscú, —y por paradójico que pueda resultar— también Kiev, además de la costa oeste de los Estados Unidos, donde todos creyeron que quien cantaba era Oly Betancourt.
En esa línea de anécdotas, la de la locutora María Castro-Davies —en Oakland California—, merece especial mención. En 2018 la conductora dio por hecho que se trataba de una chica de color la que cantaba y le recordaba a las grandes divas del jazz y el R&B clásico; mencionando eso al aire mientras presentaba canciones del Rooted Time y se dirigía a su audiencia de radio abierta y a la del internet.
Cuando meses después conoció en persona a Messy Blues, la locutora rio por horas. De acuerdo a Itzel Galindo, la gerente de promociones del grupo, quien fue testigo.
Esta reacción se repitió en Milán y Moscú así como en un buen número de sus seguidores a partir de la plataforma Reverbnation, pero en Londres y en París la voz de Tonih Hendricks fue perfectamente ubicada y comparada con las voces de Roger Daltrey, Ian Gillan, Robert Plant, Bruce Dickinson y Geddy Lee. Con sus debidas proporciones, claro. Y, considerando el hecho de que el sonido general de Rooted Time está inspirado por la música Rock del siglo pasado, es lógico que los británicos fueran más acertados.
Los aparentemente deliberados errores técnicos le dan al Rooted Time una identidad que nos lleva de regreso a los discos monoaurales que se hacían en aquellos años de primicia del Rock and Roll, en estudios cuyos muros estaban protegidos por cartones para huevo. Con ese recurso, el disco trae al frente algunos items del pasado que la era digital destruyó. Logro que surge de manera sutil y sin forzar criterios.
Líricamente hablando, el concepto está pleno de ironías —y ciertas ambigüedades— que llevan el escenario desde una dramática reflexión en la cama mientras el reloj en la pared señala el paso del tiempo, hasta las peripecias de un pelícano flojo y obeso bailando en la playa. Un curioso y sutil guiño a las canciones infantiles de Gabilondo Soler, pero en inglés.
El repertorio no se detiene en el sonido tipo frecuencia modulada de la radio antigua que trae a la memoria épocas familiares frente al aparato receptor. También podemos encontrar temas variados como el sonido progresivo de Spoiling Myself, el contestatario, crudo y punketo In Fire and Gasoline; el montañés bluegrass de Pancha (con abierta parodia al proteccionismo trumpista), el dulce balanceo romántico de Hand in Hand, el sonido campirano de All My Illusions (especial y abierto homenaje a los guitarristas del tipo lap steel guitar en esta canción) y un trepidante Heavy Metal con Behind the Storm. Aunque, claro, hay más.
Sammy, el único Rockabilly del disco, es todo un misil. La canción es una caricatura abstracta que podría considerarse como un tema infantil pero está lejos de serlo. Estudiando bien la personalidad de Sammy (el pelícano), nos damos cuenta que metaforiza y parodia a una gran mayoría de personas adultas que trabajan sentados enfrente de computadoras, comen lo que hay a la mano y no se cuidan físicamente, pero están listas para el festejo del fin de semana.
Se trata de una canción con guitarras sin distorsión —revestidas por un efecto de chorus—, contrabajo acústico, registros vocales demasiado altos y armonías de Jazz, que reemplazan los círculos armónicos básicos del Rockabilly tradicional y, no obstante, sonando a Rockabilly con todas las de la ley. Mención honorífica merece el impecable solo de guitarra (con una Fender Telecaster de manufactura mexicana —lo cual es una sorpresa ante la tradición Stratocaster de Toni Hendricks—) sobre una armonía de Mi Séptima en escala de modos híbridos —mixolidio, dórico y jónico.
El lujo, sin embargo, estriba en la fuerza que proporciona la variedad con solos de guitarra y teclado integrados sin imposición de egos que cubren una gran parte de sonidos como un merecido tributo a Ritchie Blackmore (Behind the Storm), las notas de rock progresivo de Steve Hackett y Steve Howe (Spoiling Myself), y creativos alardes de musicalidad jazz-blues en los dos temas centrales: The First Time y (Touch me in the) Moonlight. Y Oly Betancourt no queda rezagada. Sus participaciones con el piano Rhodes y el órgano Hammond merecen ser señaladas en voz alta.
El contraduelo de su teclado en el puente instrumental de Spoiling Myself quita cualquier duda sobre su capacidad y los solos de Hand in Hand (piano) y Behind the Storm (órgano) están a la altura de figuras como Jon Lord, Tony Banks y Ray Manzarek. Por mencionar algunos. Y para no establecer discusiones, Oly hace un breve solo de guitarra en la parte media del tema instrumental The Fog Hat (o The Fogath por razones histórico-musicales) que alcanza el nivel de destreza de Hendricks en su búsqueda Overall presentada por Joe Satriani en los años ochenta-noventa. Cuando estaban de moda los guitarristas tipo shredding.
Pero el álbum en sí es lo que hace único al álbum mismo. Como sugiere el título Rooted Time ("Tiempo Arraigado"), el grupo busca conectar al oyente con las raíces musicales (roots music). Esto se traduce en el uso de ritmos marcados, secciones de vientos y armonías vocales que remiten a una era de producción musical más artesanal. Pueden presumir los Vassy Courtes de que son considerados por muchos expertos como artistas que no obstante que utilizan recursos limitados para grabar, consiguen salir avante.
También es necesario mencionar —hablando de recursos alternativos— algunas cosas que no se mencionan abiertamente pero existen, como son los instrumentos no convencionales del rock que los Vassy Courtes utilizaron para algunas canciones. En particular las canciones Pancha y Sammy.
Pancha es la canción que representó un reto mayúsculo para conseguir el tono bluegrass sin romper el esquema de grupo de rock. Aquí Oly Betancourt tocó un banjo real y un sutil teclado de fondo. Por su parte, Messy Blues se valió de un contrabajo acústico y adicionalmente integró un picado de cuerdas con un dulcimero alemán (hasta antes de él, solamente el Rolling Stone Brian Jones había utilizado uno en una grabación de rock).
Hay, por supuesto, un par de solos a cargo de cada uno de ellos. Oly hizo un solo de banjo y Messy Blues un duelo entre voces, coros y guitarra. Otro tributo: las voces múltiples de Queen.
El trabajo gráfico como lenguaje visual es también un tema interesante.
La portada de Rooted Time —creada en 2016— puede parecer un simple trabajo de ilustración hecho antes de la era de la Inteligencia Artificial pero después de varias horas de atenta observación se descubre que es todo un código de mensajes ocultos.
De acuerdo a Omar Yazbek, ingeniero de grabación —quien estaba destinado a producir el disco—, tanto la portada del sencillo Behind the Storm como la canción en sí, eran la propuesta original del álbum. Esto significa que pensaban en publicar el lanzamiento bajo el nombre de Behind the Storm. La portada cambió de acuerdo a cómo comenzaron a escribir más material.
Revisando detenidamente la portada oficial de Rooted Time encontraremos algunos detalles bajo la idea de una simple ilustración mostrando un cruce de calles con edificios viejos en una tarde nublada.
Los edificios en la ilustración —de tipo Art Decó— son un homenaje gráfico al Centro Histórico de la Ciudad de México. Aunque la calle en donde se ve a los Vassy Courtes en caricatura no existe en la vida real, sí existe una referencia a la calle de Antonio Caso yendo de poniente a oriente hacia la Avenida de los Insurgentes, en la Colonia San Rafael de la ciudad.
El detalle no parece ser muy relevante de no ser porque a finales de los setenta y principios de los ochenta, el guitarrista Messy Blues solía recorrer esa zona. En 1979 para tomar clases de guitarra con el Maestro Javier Bátiz —quien poseía un negocio en esa calle— y posteriormente porque era parte de la zona que hacía las veces de su cuartel general.
Lo interesante, más allá de lo mencionado, son los mensajes y pistas veladas en los edificios de la ilustración. Uno de estos es hoy extinto (septiembre de 1985) sobre el cual hay un letrero que reza: "Mexican Beer! Enjoy it!!" (¡Cerveza mexicana, disfrútala!), en referencia a los constantes ataques de Donald Trump contra lo que se produce en México.
Detrás de todo el escenario están la cúpula del Monumento a la Revolución (que señala el izquierdismo de ambos Vassy Courtes) y la Torre Latinoamericana. Símbolo característico de la Ciudad de México en la cual, reemplazando un letrero comercial de seguros, hay un letrero que dice: "Are good things gone?" (¿Se han ido las cosas buenas?). La pregunta es clara, ¿se han acabado las cosas que valen la pena?.
Luego, más abajo a la izquierda, hay dos letreros que parecen ser de relleno. En un edificio hay un anuncio espectacular que indica la compañía de grabación que financieramente absorbió los gastos del disco: VC Records. Más abajo hay otro anuncio que menciona una casa musical que no estuvo nunca en la Colonia San Rafael sino en Santa María la Ribera, colonia que se encuentra al norte cruzando la Avenida Ribera de San Cosme. Esa tienda de música se encontraba muy cerca de la Alameda de Santa María sobre la calle de Ciprés (actualmente Jaime Torres Bodet). Otra pequeña jugada, también en esa calle vivía el primer colega musical de Messy Blues; el bajista Marco Rodríguez.
Hay también homenajes a los antiguos restaurantes de lujo que eran propiedad de familias mexicanas (en la ilustración se muestra un rincón de la Plaza Manuel Tolsá) así como un edificio que en los años setenta fuera un hotel de lujo, distintivo de la calle de Edison en la Colonia Tabacalera. Esta calle es paralela al norte de la Plaza de la República (Monumento a la Revolución).
También vemos al fondo otro homenaje al Cine Roble (hoy demolido) en cuya marquesina se anuncia la película "Gone With the Time" (aludiendo a la famosa cinta Gone With the Wind —Lo que el viento se llevó—) con algunas letras a punto de caer. Otro mensaje claro de las cosas que el tiempo y la modernidad se llevaron.
Luego están tres autos clásicos distintivos. Un Ford 1950 acondicionado como "Hot Rod" (muy propio de las carreras clandestinas en esa década) de los que utilizaban un motor V8 arreglado y que está justo afuera del cine señalado arriba. Saliendo de la bocacalle en donde se encuentra el hotel y debajo del anuncio de la casa de música, hay un Volkswagen Sedán modelo 1968 que representa al icónico Volkswagen Beetle con placas LMW 281F que aparece en la portada de culto del álbum "Abbey Road" de los Beatles.
Hacia el frente hay un Ford Mustang Convertible modelo 1965 que es toda una leyenda histórica de la cultura moderna y ha aparecido en varias películas y series de televisión.
Luego observamos la textura de la imagen que emula una fotografía vieja y rayada y, observando aún más de cerca, las dos caricaturas de los Vassy Courtes hacen referencia discreta al concierto de los ya mencionados Beatles en la azotea de los estudios EMI en la calle Savile Row de Londres, el 30 de Enero de 1969. Tomando en cuenta el ambiente nublado (por eso el tema The Fog Hat) y el tipo de construcciones a su alrededor.
Como se puede apreciar, la portada del disco resulta tan evocadora como lo es la música del disco.
Otra sorpresa. La portada fue realizada por idea de ambos Vassy Courtes con la creatividad de diseñador gráfico de Tonih Hendricks (Messy Blues), para la que tanto Oly como Tonih realizaron largas sesiones fotográficas sobre una maqueta en la que colocaron los autos en miniatura Hot-Wheels. Posteriormente trabajaron las imágenes finales con Photoshop obteniendo el toque de ilustración antigua.
Y las caricaturas tienen una historia aparte.
En un principio se había lanzado el disco con las caricaturas de cuatro elementos del grupo —realizadas por el infaltable Messy Blues— en la portada, pero esto generó severas discusiones entre los dos líderes y el equipo administrativo en virtud de que las ausencias de uno de ellos (que de acuerdo a los productores ejecutivos, nunca se presentó a ensayar) provocaron la salida del otro. Por otro lado, ninguno de esos músicos adicionales habían participado en las grabaciones del Rooted Time.
Dato: La portada original (con los cuatro miembros propuestos) fue cambiada hacia septiembre de 2017 dejando únicamente a Oly y Tonih, como se puede ver ahora.
Regresando a lo general, podríamos resumir que el Rooted Time es, más que un disco, una cápsula del tiempo.
En un mundo saturado de algoritmos de redes sociales, plataformas de videos y producciones limpias de laboratorio, Rooted Time se erige como un recordatorio de que la imperfección es el ingrediente secreto del verdadero arte. Lo que comenzó como un proyecto gestado en las calles de la Colonia San Rafael y madurado en el rigor del rock clásico, terminó siendo un manifiesto de resistencia cultural.
El genio de Tonih Hendricks y la versatilidad de Oly Betancourt no solo rescataron instrumentos en desuso como el contrabajo acústico, el dulcimero alemán o el banjo auténtico, también tejieron una red de mensajes cifrados en su arte visual. Cada detalle de su portada —desde el homenaje a Javier Bátiz hasta el eco del Abbey Road— es un grito de guerra contra el olvido.
La pregunta lanzada en la ilustración de la Torre Latinoamericana, “Are good things gone?”, encuentra su respuesta en los 48 minutos que dura el álbum. No, las cosas buenas no se han ido, en realidad hay que saber buscarlas.
Rooted Time no es solo el álbum que sigue hablando; es el álbum que nos obliga a escuchar de nuevo. Es la prueba de que, cuando el talento es genuino y la visión es firme, el tiempo arraigado no se detiene, sino que se vuelve eterno. Aquellos que en 2017 creyeron ver solo un ejercicio de nostalgia, hoy, casi una década después, descubren un mapa de honestidad musical que sigue guiando a los melómanos hacia el génesis de lo que realmente importa; la música hecha a mano, con el corazón en las raíces y la mirada en la historia.
Muchos pueden cuestionar un análisis sobre un material lanzado hace tiempo pero sus autores, Oly Betancourt y Tonih Hendricks, ya dejaron huella imborrable desde entonces. La prueba de fuerza del Rooted Time ha resistido casi nueve años en los Tops de plataformas como Reverbnation, SoundCloud, BandCamp y YouTube, además de seguir vigente en toda Europa, China y otros países del orbe. Y eso es por alguna razón.
Escribió: Max Liverant.
Para escuchar y comprar el "Rooted Time":
Agradecimientos especiales a Oly Betancourt, Tonih Hendricks y el equipo administrativo de Vassy Courtes por las aclaraciones en algunos datos y por facilitarme las imágenes para señalar los detalles de la portada.









